¿Qué tal prender el computador y recibir Internet, de la misma forma que
hoy se prenden los televisores y reciben imágenes? Sin costo y en todos lados,
una señal ubicua de alta potencia que penetrara paredes de concreto, y abarcara
áreas geográficas inmensas. ¿Qué tal si no solo el computador, sino las
lámparas, los collares de perro, el carro, la nevera y las gafas pudieran estar
conectadas a una misma red WiFi?
El gobierno de Estados Unidos, a través de la Comisión Federal de
Comunicaciones (FCC), pretende llevar a cabo una reorganización del espectro
electromagnético que abre esta posibilidad, y tiene a dos de los grupos
económicos más grandes del país en un enfrentamiento silencioso.
La apuesta del gobierno
Según sostiene el Washington Post, la FCC planea volver a poner en subasta gran parte de las frecuencias que hoy están en manos de compañías de telecomunicaciones. Sin embargo, altos funcionarios de la entidad reguladora le dicen al Post que guardarían la frecuencias entre 6 y 12 MHz como “espacios blancos”, un espectro abierto para que cualquier compañía emita señales de alto poder de WiFi.
Según sostiene el Washington Post, la FCC planea volver a poner en subasta gran parte de las frecuencias que hoy están en manos de compañías de telecomunicaciones. Sin embargo, altos funcionarios de la entidad reguladora le dicen al Post que guardarían la frecuencias entre 6 y 12 MHz como “espacios blancos”, un espectro abierto para que cualquier compañía emita señales de alto poder de WiFi.
Ahora bien, como aclara Mike Masnick, fundador y CEO de la compañía
Floor64, que asesora a otras compañías en soluciones de conectividad, “la idea
del WiFi gratis es engañosa”. Según Masnick, aunque el espacio blanco es una
frecuencia que permitiría abarcar enormes áreas, ciudades enteras y zonas
rurales, se necesitarían compañías dispuestas a llenarlo con una señal potente.
¿Qué quieren las tecnológicas?
Desde hace más de 5 años Google está dando pasos para ofrecer soluciones de conectividad alternativas a las compañías de telecomunicaciones. En el 2007, por ejemplo, en el pueblo californiano de Mountainview, donde el buscador más grande del mundo tiene su sede, instaló el TiSP, o Proveedor de Servicio de Internet Sanitario. Como su nombre lo indica, Google utiliza el agua de las cañerías para enviar una señal, y regala un dispositivo para capturarla, que se acciona metiendo un extremo en el inodoro y en el otro extremo, conectado por un cable, a un router inalámbrico. En ese entonces, Larry Page, el CEO de Google, notaba premonitoriamente que “lo que es interesante, es la cantidad de formas que hay para hacer llegar la información” hacia el consumidor.
Desde hace más de 5 años Google está dando pasos para ofrecer soluciones de conectividad alternativas a las compañías de telecomunicaciones. En el 2007, por ejemplo, en el pueblo californiano de Mountainview, donde el buscador más grande del mundo tiene su sede, instaló el TiSP, o Proveedor de Servicio de Internet Sanitario. Como su nombre lo indica, Google utiliza el agua de las cañerías para enviar una señal, y regala un dispositivo para capturarla, que se acciona metiendo un extremo en el inodoro y en el otro extremo, conectado por un cable, a un router inalámbrico. En ese entonces, Larry Page, el CEO de Google, notaba premonitoriamente que “lo que es interesante, es la cantidad de formas que hay para hacer llegar la información” hacia el consumidor.
Desde entonces Google ha emprendido varios proyectos de Internet
gratuito, el último de ellos en Nueva York, donde le regala WiFi a todo el
barrio de Chelsea. Además de estos proyectos, lidera la Alianza de Innovación
Inalámbrica (junto a Microsoft y Dell), una organización de cabildeo que tiene
como principio “Proteger y promover espectros sin licencia, incluyendo las
licencias del super WiFi para todo el país”.
Futuro para telecomunicaciones
Este escenario para empresas como AT&T, que por ejemplo anunció en noviembre que invertiría US$14.000 millones en infraestructura inalámbrica en los próximos 3 años, es nefasto. Ya sobrecargados de bienes fijos, este sector de US$178.000 millones, hoy lucha a muerte por generar utilidades . Según Susan Crawford, asesora del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, “las compañías de cable están tan verticalmente integradas a un sistema de infraestructura que no tienen incentivos para innovar, en detrimento de la calidad de transmisión de datos”. Por ahora el gobierno tendrá la última palabra.
Este escenario para empresas como AT&T, que por ejemplo anunció en noviembre que invertiría US$14.000 millones en infraestructura inalámbrica en los próximos 3 años, es nefasto. Ya sobrecargados de bienes fijos, este sector de US$178.000 millones, hoy lucha a muerte por generar utilidades . Según Susan Crawford, asesora del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, “las compañías de cable están tan verticalmente integradas a un sistema de infraestructura que no tienen incentivos para innovar, en detrimento de la calidad de transmisión de datos”. Por ahora el gobierno tendrá la última palabra.
Nunca es muy temprano para empezar el cabildeo
La propuesta de la FCC de abrir un espectro público para WiFi está aún a años de distancia, según Mike Masnick, fundador y CEO de la compañía Floor64. El plan del regulador del gobierno debe pasar por el visto bueno del congreso. En 2012, según la página opensecrets.org, que rastrea el dinero gastado en cabildeo, el sector de telecomunicaciones gastó más de US$55 millones. Hace 10 años habrían superado al sector de la tecnología. Sin embargo, luego de triplicar sus contribuciones en los últimos 10 años, en 2012 estas compañías dejaron más de US$130 millones en las arcas de los grupos de interés público.
La propuesta de la FCC de abrir un espectro público para WiFi está aún a años de distancia, según Mike Masnick, fundador y CEO de la compañía Floor64. El plan del regulador del gobierno debe pasar por el visto bueno del congreso. En 2012, según la página opensecrets.org, que rastrea el dinero gastado en cabildeo, el sector de telecomunicaciones gastó más de US$55 millones. Hace 10 años habrían superado al sector de la tecnología. Sin embargo, luego de triplicar sus contribuciones en los últimos 10 años, en 2012 estas compañías dejaron más de US$130 millones en las arcas de los grupos de interés público.
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